Relaciones sexuales dolorosas: Las 6 causas más frecuentes

Sentir dolor en el momento de la penetración durante las relaciones sexuales es un problema muy común y no debe ser considerado nunca como normal. Puede afectar a mujeres de todas las edades y aunque puede ser provocado por diversas razones, una de las más habituales es la contracción involuntaria de los músculos del suelo pélvico. Esta contracción se denomina comúnmente vaginismo, y provoca el cierre parcial o total de la vagina, lo que, además de dolor, impide la penetración. En este post explicamos cómo tratar este problema y qué otras causas pueden provocar dolor en el momento de la penetración.

  1. Vaginismo

El vaginismo puede hacer que sea doloroso, difícil o imposible tener relaciones sexuales, realizar un examen ginecológico o colocar un tampón. Se trata de una disfunción sexual y por ello, se debe consultar y tratar, ya que puede ser un síntoma indicativo de otros problemas de salud ginecológica (endometriosis, inflamación pélvica, miomas, infecciones de transmisión sexual, estenosis vaginal…). Aunque también puede ser consecuencia de experiencias sexuales previas negativas, falta de deseo, una educación represiva en la infancia o la adolescencia, problemas de sequedad vaginal – muy frecuentes a medida que se aproxima la edad de la menopausia – o, simplemente, el miedo a un embarazo.

A menudo, la causa del vaginismo es una mala primera experiencia, por miedo a sentir dolor la primera vez, porque la relación no fue del todo deseada o porque no se le dedicó el tiempo necesario para alcanzar la excitación y facilitar la lubricación. Si no se trata, puede acabar provocando ansiedad, inseguridad, frustración y problemas personales y de pareja, porque afecta tanto a la satisfacción sexual como al bienestar psicológico.

El primer paso siempre es consultar con un/a ginecólogo/a especialista en disfunciones sexuales y ser sincera. Si tienes pareja, es importante hablar abiertamente de este problema y no sentirse culpable. Si tienes que hacer terapia o ejercicios, es importante que esté informada y que acuda, si es necesario, a las visitas para que sepa cómo debe actuar y ayudar. En general, además de una primera exploración física y repasar síntomas e historial clínico completo, el médico puede pedirte una ecografía para examinar los órganos internos (puede ser vía abdominal) y descartar posibles malformaciones y enfermedades como endometriosis o la presencia de fibromas o miomas.

Es muy probable que el médico te indique que acudas a un especialista en fisioterapia del suelo pélvico para que te explique dónde se localizan los músculos vaginales y que te ayude a tomar conciencia de cómo se contraen y se relajan. A través de ejercicios específicos, técnicas respiratorias o el uso de dilatadores y masajes vaginales se puede relajar la musculatura de la zona. La respuesta suele ser muy buena.

2. Problemas orgánicos

El dolor durante el coito también puede ser provocado por malformaciones vaginalesenfermedades pélvicascicatrices por intervenciones quirúrgicas (por ejemplo: la episiotomía) o vulvodinia, una disfunción de origen nervioso que se caracteriza por dolor crónico en la zona de la vulva, hipersensibilidad y escozor al contacto. Asimismo, una inflamación del intestino (por colitis ulcerosaenfermedad de Crohn), un estreñimiento muy intenso u otras enfermedades intestinales (infecciones, gases, etc.) también pueden hacer que la penetración resulte dolorosa. Tu ginecólogo/a debe estar informado y derivarte al especialista que considere más adecuado.

3. Endometriosis

Si el dolor se nota en una zona más profunda, puede ser un síntoma de endometriosis, quistes o problemas en el útero. La endometriosis se produce cuando el tejido endometrial fuera del útero y se extiende a otras áreas ginecológicas u orgánicas. A menudo provoca dolor en la zona de la pelvis, el fondo de la vagina y el recto. Es importante acudir a un centro que cuente con especialistas en esta enfermedad, para que puedan abordarla de una forma integral, ya que también puede comprometer la fertilidad. El tratamiento puede ser farmacológico o quirúrgico, hay que valorar cada caso y su evolución, ya que esta enfermedad requiere seguimiento.

4. Sequedad vaginal

Es frecuente en la menopausia y el posparto, y también puede provocarla, en algunos casos, la toma de anticonceptivos hormonales. En general, en el caso del posparto es fundamental respetar el tiempo indicado para reanudar las relaciones sexuales y evitar la penetración al principio, especialmente si se ha producido alguna herida – episiotomía – o desgarro. Con el tiempo, las cicatrices se cierran y la zona del periné recupera la elasticidad. Date un tiempo. Para la menopausia, se puede usar un lubricante y, si es necesario, el médico puede indicar la aplicación de un tratamiento hormonal, por vía oral o local (crema u óvulos). Si se debe a otras causas, es importante detectarlas y nunca forzar la penetración si no hay una buena lubricación y deseo. Si el anticonceptivo hormonal reduce el deseo y la lubricación hay que buscar una alternativa mejor.

5. Infecciones

Pueden ser de origen bacteriano o vírico: vaginitis, cistitis… Algunas, como el herpes, afectan a la vulva y provocan dolor. También pueden ir acompañadas de un flujo de color u olor diferente a lo normal. El tratamiento debe indicarlo tu ginecólogo/a, tras realizar una exploración y las pruebas que considere necesarias para determinar la causa.

6. Origen psicológico

Si el problema no tiene una causa física, entonces habrá que realizar una terapia con un especialista en sexualidad. Aunque te parezca complejo, se pueden conseguir buenos resultados de forma relativamente rápida y notar cambios positivos con solo unas sesiones. También es importante dedicar tiempo a mejorar el autoconocimiento del propio cuerpo y a disfrutar de la sexualidad y del contacto con la pareja sin centrarse en la penetración. En nuestro centro contamos con una Unidad específica para tratar estos problemas.

En resumen: sentir dolor durante el coito NO ES NORMAL. Debes informar siempre a tu ginecóloga/o para que haga un diagnóstico y te indique qué pasos hay que seguir para tratar este problema y solucionarlo lo antes posible, ya que además de afectar a tus relaciones sexuales y de pareja, puede ser un síntoma de otros problemas de salud.

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